Nuestra lucha no se trata de una mera elección estrecha entre opciones electorales dentro del actual régimen, sino de apostar por formas de organización económica y espiritual, cualitativamente superiores a la civilización burguesa, donde se garantiza la emancipación del proletariado y la democracia real. Es la lucha popular por la conquista de la civilización socialista, partiendo del estudio científico de las bases materiales que lo posibilitan y con el objetivo último del comunismo.

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9 de abril de 2007

Sergei Eisenstein: padre de la cinematografía, revolucionario por convicción

El ruso Sergei Eisenstein es uno de los grandes artistas del siglo XX. Lisa y llanamente puede considerárselo como el inventor del lenguaje cinematográfico. Los que hoy ya pasaron a ser los códigos comunes del cine, sus formas estandarizadas, normales, son producto de su creación. Visionario como pocos, su obra marcó la producción del séptimo arte para toda la posteridad y lo que actualmente tenemos como la manera normal de apreciar la pantalla grande, fue su aporte cuando recién comenzaba a balbucearse con los primeros experimentos de la imagen en movimiento. El cine es lo que es, en muy buena medida, por su aporte. Su vida, por tanto, es un ejemplo de búsqueda, de creatividad, de indagación perpetua. Evocarlo es rendir un homenaje al verdadero espíritu innovador, vanguardista. Por ese mismo espíritu, justamente, por esa inquietud continua, ese afán de descubrir lo novedoso, es que abrazó las teorías socialistas y aportó como pocos en la construcción de esa gran empresa que fue la Revolución Bolchevique de 1917 en su patria natal, la primera experiencia de gobierno popular de la historia.

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Sergei Mikhailovich Eisenstein nació en Riga, Letonia, en 1898, y murió en 1948, en Moscú, Rusia. Su padre era un arquitecto judío de origen alemán y su madre de ascendencia rusa perteneciente a la gran burguesía. Estudió arquitectura y bellas artes y se enroló en las milicias populares para participar en la Revolución de Octubre de 1917. Desde muy pronto se unió al mundo del espectáculo haciendo decorados y dirigiendo e interpretando teatro para los soldados. En 1920 ingresó en el Teatro Obrero y poco después fue nombrado su director. Se apartó del teatro cuando vio las excelencias del cine al rodar el largo La huelga (Stachka, 1924). Mientras la rodaba le encargaron una película conmemorativa de los orígenes de la revolución y acabó haciendo su obra maestra El acorazado Potemkin, la película sobre la que más se ha escrito de toda la Historia del Cine.

En 1925 pudo poner en práctica sus teorías en su primera gran obra, “La Huelga”, aunque él mismo consideró que había fracasado a la hora de hacer fluir las emociones de los espectadores, y que era demasiado teatral. Se incautó de la única copia que había de la película, y no se pudo volver a distribuir hasta después de su muerte, aunque la película llegó a ser exhibida en Occidente, y obtuvo el premio en la Exposición de París en 1925.

Pero será su siguiente película, “El acorazado Potemkin”, la que dará a conocer su nombre en todo el mundo, y es posiblemente la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. Según Eisenstein, el guión de la película, de Nina Agadzhanova-Shutko, fue escrito para una película en ocho episodios, 1905, que comenzó a rodarse en Leningrado y pensaba contar los sucesos de la Huelga General. Tuvieron que abandonar el rodaje por el mal tiempo, y se dirigieron a Odessa a rodar el capítulo dedicado al motín del Potemkin. Decidió entonces Eisenstein centrar la película en ese episodio, y abandonó su proyecto de 1905. Cuando llegaron a Odessa, buscó a los supervivientes de la masacre, e incluso localizó los dibujos de un francés que había sido testigo de lo ocurrido. Reescribió el guión y realizó diversos títulos para dirigir la acción. Aunque los medios eran pocos, gracias a una serie de experimentos técnicos obtuvieron resultados asombrosos: pantallas reflectantes, fotografía desenfocada, plataformas móviles entre otros. Eisenstein erige su película en 1290 planos, combinados con genial maestría mediante un montaje rítmico. Los movimientos de cámara son escasísimos, sólo realiza varios travellings, porque los considera innecesarios, ya que el movimiento está determinado por la acción y por el montaje. Destaca la escena de la escalinata, con 170 planos, en la que el pueblo es brutalmente agredido por las fuerzas zaristas, donde crea un tempo artificial, que hace que la secuencia dure casi 6 minutos. Prescindirá de simbolismos intelectuales, y con una espléndida fotografía, en la que la masa se convertirá en la auténtica protagonista de la obra, acabará por ser considerada la primera obra maestra del cine soviético.

Sus ensayos literarios cinematográficos y sus dotes como orador, teniendo en cuenta que hablaba alemán, inglés y francés, hizo que ejerciera una gran influencia sobre la teoría cinematográfica en la época.

Tras esta gran película que marcará toda la historia del cine, realizará dos trabajos más, “Octubre”, donde narra los sucesos de la revolución de 1917, y “La línea general” (también conocida como "Lo viejo y lo nuevo"), película sobre la reforma agraria, aunque de esta última, por los cambios en la colectividad agraria en la Unión Soviética tuvo que cambiar su guión en varias ocasiones. En estas dos obras, volverá a experimentar con un nuevo lenguaje a través de las imágenes, pero por su complejidad no llegarán a ser muy bien comprendidas en su época. Además en “La línea general” su protagonista no será la masa, sino una heroína individual, María Lapkina. El problema que tuvo con Octubre es que su estreno tuvo que retrasarse hasta 5 meses, porque en pleno proceso de postproducción se enteró de que Trotsky había caído en desgracia, y tuvo que quitarle de todos los planos en los que aparecía en la película.


Eisenstein viajó a Europa en 1930 para investigar sobre el sonido, campo que en la Unión Soviética tardaron bastante en desarrollar. Un directivo de la empresa cinematográfica Paramount viajó hasta París y convenció a Eisenstein a firmar un contrato para rodar en Hollywood, donde llegaría a cobrar hasta 900 dólares a la semana. Fue recibido en Nueva York como un genio, pero pronto se dedicaría a dar conferencias en las Universidades de Columbia y Harvard. Poco antes de marcharse para Hollywood, se estrenó en un cine de Arte y Ensayo de Nueva York su película “La línea general”, y los directivos de la Paramount Pictures se pusieron bastante nerviosos al ver sus ideas sobre la colectivización y el comunismo. Al entrar en los Estados Unidos, tuvo que jurar respeto a la Constitución estadounidense, pero sufrió distintas presiones para que no usara su gorra típica y para que no llevara barba. Cuando le presentaron a las diversas estrellas de Hollywood, se mostró distante, excepto cuando conoció a Charles Chaplin y a Coleen Moore.

Cuando escribió su primer guión para la Paramount, Sutter's Gold, fue rechazado, entre otros motivos porque el Mayor Frank Pease, de tendencias fascistas, lanzó un panfleto titulado Eisenstein, el mensajero del infierno en Hollywood y entre otras cosas le llamaba perro rojo y le acusaba de todas las barbaridades, fueran reales o no, cometidas por los bolcheviques en Rusia. La Paramount no quería renunciar todavía a Eisenstein y le encargó otro guión, que se titularía An American Tragedy, adaptación de una obra de Theodor Dreiser y trataba sobre la justicia americana en un juicio por asesinato, y con el que la productora quedó encantada. El problema fue que el Comité Fish, antecesor al Comité de Actividades Antiamericanas, estaba actuando contra las actividades comunistas en California, y contra la idea de llevar esa novela al cine. Todo esto hizo que finalmente la Paramount rompiera su contrato con Eisenstein.

Eisenstein no pudo filmar nada en Hollywood y se dirigió a México, donde inició el desastroso proyecto de dirigir una película mexicana. Comenzó a rodar ¡Que viva México! (1931). Cuando llevaba rodados más de 50.000 metros, según Eisenstein, lo mejor que había rodado nunca, se ordenó parar la producción, por lo que el director debió volver a Moscú. La película quedó inacabada, siendo objeto de varios montajes nunca realizados por él. Su figura y estilo de montaje tuvo una decisiva influencia sobre el cine mexicano de la década de los cuarenta.

En Moscú, Eisenstein no consiguió sacar adelante ningún otro proyecto de película pues desde las altas esferas del régimen se le rechazaban todas las ideas que sugería. El director se dedicó a la enseñanza y a escribir libros para dejar su experiencia escrita.

Las humillaciones le llevaron a dirigir otra película, El prado de Bezhin (Bezhin Lug, 1937), sobre un cuento de Ivan Turguéniev, que fue prohibida y no se vio jamás. Durante algún tiempo se creyó que había sido destruida durante la Segunda Guerra Mundial. Queda de ella una reconstrucción montada con fragmentos conservados por Eisenstein.

Eisenstein no se desanimó y realizó Alexander Nevsky (Aleksandr Nevskii) en 1938, su primera película sonora, una epopeya patriótica que relataba la lucha de los rusos contra los caballeros teutónicos en el siglo XI. Con ella ganó el premio Stalin y le concedieron la Orden de Lenin.

En 1944 terminó la primera parte de Iván el Terrible (Iván Grosny), que contaba la ascensión al trono y traición sufrida por Iván IV, un zar del siglo XVI. Finalmente, en 1946, la noche en que terminó el montaje de La conjura de los Boyardos, segunda parte de Iván el Terrible, que contaba la venganza de Iván, Eisenstein sufrió un grave infarto. Esta película fue prohibida durante diez años y no se estrenó hasta la muerte de Stalin. Eisenstein vivió dos años más y nunca consiguió hacer la tercera parte.

Filmografía
· El diario de Glumov (1923) · La huelga (1924) · El acorazado Potemkin (1925) · Octubre (1927) · La línea general (1929) · ¡Que viva México! (inacabada) (1930-1932) · El prado de Bezhin (inacabada) (1935-1937) · Alexander Nevsky (1938) · Iván el Terrible (1943-1945) · Iván el Terrible, segunda parte: la conjura de los Boyardos (1948-1958) · Iván el Terrible, tercera parte (inacabada)


Análisis de su obra

Es fundamental su aportación teórica, como su hipótesis sobre “El montaje de atracciones”, donde postula el empleo en el cine de técnicas provenientes del circo y del music-hall.

Eisenstein repudiará el montaje clásico, tal como lo concibe Griffith, y derivará sus teorías sobre el montaje del estudio de los ideogramas japoneses, en los que dos nociones yuxtapuestas conforman una tercera como por ejemplo: Ojo + Agua = Llanto; Puerta + Oreja = Escuchar; Boca + Perro = Ladrar.

El montaje es para él: “una idea que surge de la colisión de dos piezas, independientes la una de la otra”. Este método le permitirá partir de elementos físicos representables para visualizar conceptos e ideas de complicada representación.

El Movimiento está determinado por la acción y por el montaje.

El protagonista en sus obras es la masa, el pueblo.

La escalera de Odessa

En una escena, ya antológica en la historia del séptimo arte. Eisenstein, jugando admirablemente con la realidad y la ficción presenta la terrible y apasionante escena de la escalera de Odessa, en la que las tropas del zar, disparan a quemarropa sobre la población civil que despedía a los marinos del acorazado.

La película está realizada con fines didácticos pues Eisenstein estaba a sueldo de la propaganda del régimen soviético; algunas de sus magníficas películas fueron financiadas con la intención de dar a conocer la revolución rusa y sus antecedentes a los ciudadanos que no la habían vivido. Estamos ante el cine didáctico puro.

La secuencia de la escalera de Odessa en El Acorazado Potemkim es una secuencia falsa llena de planos verdaderos. Una masacre así no pudo durar casi diez minutos en la realidad. Para mostrar didácticamente a los espectadores la terrible secuencia, el director debió ralentizar, retener, recrearse, engañar, con el fin de testimoniar eficazmente lo que significa la violencia del poder armado contra ciudadanos desarmados.

En los primeros planos generales, la escalera es relativamente corta para la cantidad de escalones que unos soldados sin rostro, pero con botas crecidas desde su propia sombra, descienden mientras matan a diestro y siniestro. Los principales personajes, definidos por Eisenstein mediante primeros planos en los momentos iniciales de la secuencia, van debatiéndose entre el miedo, el enfrentamiento, las carreras, sus gestos horrorizados o desafiantes, hasta que la mayoría muere por los disparos de las tropas del zar. Sin embargo, y lo quiero destacar por la importancia que tiene en la secuencia, hay dos personajes que aparecen de pronto, como por arte de la magia del cine: una madre que lleva el cochecito con un niño en su interior. Esas personas, madre e hijo, no podían estar dentro de aquel caos. No tienen cabida física en la secuencia, no se dan de ellos referencias anteriores, no encajan ni caben en la escalera, ya que las tropas ya habían dominado la situación desde todos los ángulos. Si las tropas de a pie están en lo alto van bajando interminablemente y los cosacos a caballo cortan la retirada en la base de la escalera… ¿De dónde salen la mujer y el niño? De la magia de Eisenstein, simplemente, que creador del montaje intelectual, ideológico, no le preocupó en demasía un desajuste, una situación inverosímil, o una imposibilidad física.

Es dudoso que esa matanza ocurriera realmente en Odessa, o por lo menos no perece que ocurrió en relación con el motín del acorazado. Algunos autores sostienen que la matanza existió y que incluso Eisenstein entrevistó a los supervivientes. A Eisenstein le cautivó el marco y lo utilizó para contar una historia falsa que ha ocurrido miles de veces en la realidad. A Eisenstein le cautivó la plástica de la imagen de la escalera, las luces y las sombras, el movimiento de las masas, y lo utilizó para presentar el mensaje que deseaba. Como dato, quiero destacar que el resto de la historia, como en la mayoría de los casos, es cierta. Existió realmente el motín del Acorazado Potemkim, pero la historia no acabó bien: Los marinos fueron apresados poco después en Ucrania por la armada del Zar y condenados a muerte.

Eisenstein, uno de los más ilustres magos de la historia del cine, resaltó en esta secuencia una de las mayores situaciones de emotividad, efectividad y tensión del sétimo arte. Logró y sigue logrando el propósito, con espectadores de hoy, de impresionar, enseñar, instruir, estableciendo una relación causa-efecto en la utilización del elemento cinematográfico, filmación y montaje, entre una idea y la expresión metafórica que ha permitido que «realmente» captemos mediante la ficción la realidad de una historia que nunca existió pero que siempre está existiendo.

Anécdota

La escena de la matanza en las escaleras de Odessa en «El Acorazado Potemkin», de Eisenstein, no figuraba en ninguno de los guiones preliminares ni en ninguna de las notas de preparación del montaje. El descubrimiento de la escalera fue accidental. Eisenstein cuenta «...la idea me vino al pisar unas cerezas que iban cayendo por las escaleras cuando yo me hallaba en lo alto, a los pies de la estatua del duque de Richelieu, es un mito pintoresco, lo admito, pero un mito evidente. Fue la grandeza de estas escaleras lo que me dio la idea de la escena... Y puede ser que también jugase un papel importante una ilustración aparecida en un periódico de 1905 y que habría permanecido en el fondo de mi memoria... ». La matanza en las escaleras de Odessa no es seguro que tuviera relación con los hechos del acorazado Potemkim aunque parece cierto que en aquellas escaleras sí se dieron otras matanzas de civiles.

El montaje de Eisenstein

Eisenstein rompe con los moldes tradicionales de montaje. El acorazado Potemkin constituye un buen ejemplo. En lo que Eisenstein describió como montaje intelectual, o montaje ideológico, los objetos y los personajes se unen y se separan, entran y salen, se unen de variadas formas provocando el desconcierto del espectador, que se obliga a pensar, preguntándose qué sucede en la pantalla, adquiriendo conciencia por sí mismo de los hechos que ve con estupor. Eisenstein propone el montaje con libertad de situaciones y escenas arbitrariamente elegidas, independientes entre sí pero con una orientación precisa hacia un determinado efecto temático final. La secuencia completa de las escaleras de Odessa, es una muestra única para explicar ese tipo de montaje.

El acorazado Potemkin es una película basada en hechos reales, que acontecieron en el puerto de Odessa (Rusia) durante la semana de 26 de junio de 1905.

Los marineros del acorazado Potemkin ya están hartos de malos tratos, y cuando se les intenta obligar a comer carne agusanada, deciden sublevarse. Llena de imágenes expresivas, casi como un álbum fotográfico, El acorazado Potemkin representa la magnificación por la figura de las masas y las causas colectivas. Estrenada en la primera década de la Revolución Rusa (1925) constituye un rescate de la importancia del Potemkin en el proceso de la revolución fallida de 1905 que desembocó en la rebelión de octubre de 1917.

Este film esta compuesto de cinco episodios: Hombres y gusanos, Drama en el Golfo Tendra, El muerto clama, La escalera de Odesa, y Encuentro con la escuadra.

Como el propio Eisenstein explica en el texto sobre la "Unidad orgánica y pathos en El acorazado Potemkin" incluido en el libro de Georges Sadoul sobre este film, la película está trabajada como un todo orgánico en el que cada uno de sus elementos funciona en pos de una composición que nuclea lo particular en función del todo. Cada una de las partes en las que puede ser dividida es funcional en un nivel superior de lectura, es decir, en la generalidad. Por otra parte el trabajo patético (pathos) en tanto que la sucesión y cambio constante en las cualidades de la acción, generan en el espectador una emoción (shock) que lo llevan a realizar mediante un proceso psicológico, una reflexión intelectual de acuerdo al tema propuesto.

Octubre, originalmente, fue encargada con motivo del décimo aniversario de la Revolución de Octubre. Stalin encargó esta joya del cine ruso al genial maestro Sergei Eisenstein, la cual es la tercera película más importante en su carrera como director. Las más avanzadas técnicas del momento fueron usadas para describir la masacre de San Petersburgo. Stalin censuró personalmente el montaje final.

Una película en la que, siguiendo la filosofía comunista, no había personajes principales. La habilidad de Eisenstein y su experiencia se ve en los rápidos movimientos y en el ritmo en el montaje, así como en la construcción de intensas secuencias que no fueron bien entendidas por las tempranas generaciones rusas. El film se retrasó en su estreno hasta 1928 debido a la presión de algunos grupos influyentes, y además se cortaron algunas escenas. Muchos participantes de la revolución tales como los Guardas Rojos, soldados y marineros aparecen en el film, dando buena prueba de la fidelidad que pretende reflejar.

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4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Como de costumbre en vosotras y vosotros, camaradas: magnífico trabajo.

Gracias por continuar con este blog.

Salud y Comunismo.

Jose Manuel Chía.

11:39 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Genial! Saludos y los exhorto a continuar con esta obra =) volvere tan pronto como mis deberes escolares lo permitan no obstante el tiempo para revisar mas a fondo cada escrito y comentar una que otra vez.

12:15 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

felicito a los creadores de este blog, sergei fue y sigue siendo un modelo a seguir e inspiracion en muchos de los directores sobre todo independientes que existen, siguen por el mismo camino
saludos y hasta la victoria siempre!!
attte
alex mendiola desde mexico
que viva el comunismo!!!

11:37 a. m.  
Blogger Catedra Luis Alberto Alvarez said...

Los mejores deseos primero que todo...

Excelente y muy bien compuesto artículo!

Gracias...

He vinculado esta excepcional entrada a http://catedraluisalbertoalvarez.blogspot.com/2008/11/los-nios-invisibles.html

4:51 p. m.  

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